Cemeteries

Cemeteries

Cementiri de Poblenou, Barcelona, 2003.
Cementiri de Poblenou, Barcelona, 2003.
Cementiri de Poblenou, Barcelona, 2003.

“Like many beginning photographers, I took some of my first pictures in cemeteries. But as my photography became more sophisticated, cemeteries joined railroad tracks, abandoned buildings, and sunsets on the list of forbidden clichés. Discussing this with my photographer friends Ed Panar and Melissa Catanese in Pittsburgh, Ed told me he still regularly photographs in cemeteries. ‘Ed is so not cynical,’ Melissa said, ‘the idea that something is cliché just doesn’t occur to him. He doesn’t have a cynical gene in him.’ Ed is the single happiest photographer I’ve ever met. Wanting a little bit of that to rub off on me, I asked him if he’d take me to a cemetery. It was nearly sunset, and helped me to a bluffside cemetery near his home. He pointed to a particular spot where he’s made a number of pictures. I couldn’t imagine photographing in the same spot. Everything was too spectacular. But after setting up my camera and looking through the ground glass, I realised why Ed was so happy.”

– Alec Soth, as quoted in Photo-No-Nos: Meditations on What Not to Photograph (2021) by Jason Fulford.

Sanchicorrota y el karma

Sanchicorrota y el karma

Bardenas Reales, 2009.

Hasta no hace mucho, “echarse a las Bardenas” era en muchos pueblos de la Ribera navarra sinónimo de huir de la justicia. La expresión no es gratuita: este territorio semidesértico de más de 40.000 hectáreas, situado al sureste de la comunidad foral y catalogado en la actualidad como Parque Natural y Reserva de la Biosfera, fue durante siglos refugio de todo tipo de malhechores.

El origen del fenómeno parece encontrarse a finales del siglo XIII, durante el reinado de Sancho VII. Al terminar las guerras que Navarra mantuvo con Castilla y Aragón, algunos soldados se reconvirtieron en bandoleros y, de acuerdo con las crónicas del sacerdote José de Moret, “infestaban la Bardena, por ser tierra quebrada y cubierta de boscaje”. Los estragos que causaban eran de tal magnitud que el propio rey Sancho recomendaba a los lugareños que ahorcaran sin juicio previo, en cualquier lugar y a la hora que fuera, a los bandidos pillados in fraganti.

El más célebre de los forajidos que poblaron las Bardenas Reales fue sin duda Sancho Rota, alias Sanchicorrota. Como suele suceder en estos casos, la historia de su vida es una mezcla de datos contrastados y hechos legendarios glosados por el saber popular. Vivió durante el siglo XV y se adueñó de la práctica totalidad del territorio aprovechando la ausencia de tropas, ocupadas en ese momento en las luchas entre beamonteses y agramonteses. Tenía su guarida en una cueva situada en la cima de la montaña que hoy lleva su nombre. Se dice que encargó su construcción a unos amigos a los que, una vez terminadas las obras, no sólo no les pagó el trabajo sino que los asesinó. Una bellísima persona el tal Sancho, sí.

Bardenas Reales, 2009.

En sus mejores tiempos, Sanchicorrota se paseaba a caballo, Bardena arriba y Bardena abajo, junto a un grupo de unos 30 esbirros, imponiendo su ley por las malas o por las peores. El dominio que llegó a conseguir alarmó tanto al monarca de entonces, Juan II, que en 1452 éste mandó un ejército de 200 caballeros para acabar con el bandido y sus secuaces. La operación fue un éxito: la partida de Sanchicorrota fue completamente aniquilada y él se suicidó clavándose un puñal antes de ser capturado.

Sin embargo, la cosa no terminó aquí: los hombres del rey recogieron el cuerpo del criminal, lo trasladaron a Tudela y allí lo colgaron de una horca, donde permaneció para goce y disfrute de los transeúntes hasta que las aves de rapiña lo dejaron en los huesos. Y es que, como saben muy bien en la India, por cada acción que cometas recibirás una reacción igual y opuesta. Vamos, que todo el mal que hagas acabará volviendo a ti. Resulta obvio que Sanchicorrota desconocía la ley del karma. O que no veía la serie “Me llamo Earl”.

– Fotografías y texto publicadas originalmente en 2009 en mi extinto blog xavieraragonesfoto.wordpress.com.

Sobrantes, indigentes y miserables

Sobrantes, indigentes y miserables

Bardenas Reales, 2009.

Conocida como la Blanca, la depresión central de las Bardenas Reales es la parte más desértica de este extenso parque natural del sureste de Navarra. A lo largo de millones de años, la erosión ha modelado en esta zona un paisaje de tonalidades blanquecinas y aspecto prácticamente lunar, con cabezos de formas singulares y profundos barrancos, más propios del Mojave norteamericano que de la Ribera tudelana.

Se trata de un lugar inhóspito en el sentido más estricto de la palabra, con inviernos gélidos y veranos infernalmente calurosos en los que los mosquitos martillean sin piedad las sufridas epidermis de los visitantes. Apenas llueve y, cuando lo hace, las precipitaciones son torrenciales, muchas veces en forma de tormentas. Hasta hace un par de siglos era escenario habitual de las fechorías de bandoleros como el legendario Sanchicorrota. En la actualidad sirve como pasto a entre 20.000 y 100.000 ovejas y cabras, dependiendo del momento del año. Y, desde 1951, 2.244 hectáreas de la Blanca se utilizan como polígono militar de tiro para la aviación.

Bardenas Reales, 2009.

Todavía hoy podemos encontrar, esparcidas sobre el suelo estepario de arcilla y arenisca, numerosas cabañas en las que los pastores solían refugiarse durante la trashumancia. Unas pocas todavía se usan, pero la gran mayoría están abandonadas y en ruinas. Al lado mismo de la pista que rodea el polígono de tiro pudimos visitar una, con corral anexo, en la que todavía quedaban rastros de las últimas ocasiones en que fue ocupada: la calavera y el espinazo de un mamífero (suponemos que una oveja), varias botellas de vino y sidra y un plegatín cubierto de óxido.

A pesar de la aridez del terreno y de la dureza del clima, hubo una vez alguien a quien se le ocurrió poblar las Bardenas Reales. En 1772, el maestrante valenciano Lorenzo Díaz de Lamadrid presentó al rey Carlos III un proyecto para construir varios pueblos en los que cada colono recibiría, entre otras posesiones, una vivienda, 50 fanegas de tierra cultivable, cierta extensión para plantar árboles y viñedos, una pareja de bueyes, cinco gallinas con su gallo e instrumental de labranza.

Bardenas Reales, 2009

Según explica la guía del parque editada por la Comunidad de Bardenas Reales, la idea de Díaz de Lamadrid, muy acorde con el despotismo ilustrado que imperaba en la época, era trasladar a estas localidades las muchas familias españolas “sobrantes, indigentes y miserables, que viven del puro arbitrio”, con el objetivo de dar utilidad a “unos vasallos perdidos y perjudiciales para la sociedad”.

El caritativo maestrante sólo exigía a cambio: primero, elegir él mismo los lugares de los asentamientos; segundo, que el rey pagara la construcción de consistorios, iglesias y casas para los párrocos, la exención de algunos impuestos y la superintendencia de las villas, y por último, que se le concediera el rango de coronel de caballería. El proyecto nunca se llevó a cabo y, muy probablemente, terminó equilibrando alguna mesa coja del Palacio Real de Madrid.

– Fotografías y texto publicadas originalmente en 2009 en mi extinto blog xavieraragonesfoto.wordpress.com.

Solar

Solar

Terrassa, 2014 – De la sèrie TRS 120/135 – Margin Walker

“El solar és un element de la urbanització incompleta, una etapa vintage del procés de modernització. Encara n’hi ha als pobles de terra endins, als barris perifèrics, a les pel·lícules velles, però escassegen a les ciutats de moda, i en tot cas estan tancats i senyalitzats. L’absència de solars ens indica que vivim en un món acabat, que ha anat omplint tots els buits. En el passat recent, els solars van ser un híbrid entre la civilització i la naturalesa, un espai de creixement, un ritual de pas. Com que concentrava materials de tots dos àmbits, com que era canviant i inexplorat, com que actuava com una contínua font de sorpreses, resultava ideal com a terreny de joc no reglat, d’exploració d’un mateix i de l’entorn. Situat fora del circuit de pares i familiars, el solar permetia activitats que ajudaven els infants a créixer i a integrar-se en un entorn hostil i tanmateix maleable. Un nen apilonava rajoles, l’altre utilitzava un racó com a urinari d’emergència, aquells hi jugaven a fet i amagar, uns altres hi ensumaven sentors agres, i els d’allà baix hi construïen una cabana que no tindria mai la cèdula d’habitabilitat, però que era seva.

L’essència del solar era la provisionalitat. Quan s’hi aixecava un edifici, el solar ho perdia tot, fins el nom. En un poble no representava una pèrdua greu perquè els afores eren a prop, plens d’espais per explorar. Però quan una ciutat perd un solar deixa de tenir un territori obert, un laboratori, un espai d’exploració i iniciació, totes aquelles funcions que de mica en mica han anat assumint els telèfons mòbils”

– Vicenç Pagès Jordà, Memòria vintage, 2020

Polígons

Polígons

Terrassa, 2014. De la sèrie TRS 120/135 – Margin Walker.

“Entre l’última filera de cases del poble i el pont de l’autopista, a mà dreta de la carretera i una mica més ensotat, hi quedava un polígon. La mare explica que el seu pare li deia que als boscos, de nit, hi passen moltes coses que no es veuen. Jo li diré a la meva filla que als polígons, de nit, hi ocorren també fets inusitats. Quan només se sent la remor de les turbines d’algunes fàbriques, de puntetes o com cavalls sicilians hi circulen fades i monstres que et vetllaran el son o te’l sacsejaran. Això s’aprèn amb els anys. Les turbines de les fàbriques cada vegada se senten menys. Les oficines i els centres logístics han anat substituint les naus de producció. Fins i tot hi ha aparegut alguna pista de pàdel. I la crisi que mai hem deixat ha condemnat els petits tallers a l’abandó.

Al polígon s’allarga la nit, s’hi beu, s’hi xerra, s’hi fuma, s’hi folla, s’hi passa droga, hi ha batusses, s’hi acoblen parelles i s’hi desacoblen per sempre… Menys fer de camell, em sembla que hi he fet bona part d’aquestes coses.”

– Anna Ballbona, No sóc aquí, 2020

The evidence was all around us

The evidence was all around us

Manresa, 2010

“Coming of age in the heyday of punk, it was clear we were living at the end of something – of modernism, of the American dream, of the industrial economy, of a certain kind of urbanism. The evidence was all around us in the ruins of the cities… Urban ruins were the emblematic places for this era, the places that gave punk part of its aesthetic, and like most aesthetics this one contained an ethic, a worldview with a mandate on how to act, how to live… A city is built to resemble a conscious mind, a network that can calculate, administrate, manufacture. Ruins become the unconscious of a city, its memory, unknown, darkness, lost lands, and in this truly bring it to life… An urban ruin is a place that has fallen outside the economic life of the city, and it is in some way an ideal home for the art that also falls outside the ordinary production and consumption of the city.”

– Rebecca Solnit, A Field Guide to Getting Lost, 2006 (via Landscape Stories)

Fiiiirst: A photographic discussion with Hilde Honerud

Fiiiirst: A photographic discussion with Hilde Honerud

Fiiiirst is an online gallery, created by french-canadian photographer Guillaume Tomasi in 2016. According to its very own description: “Every month, two photographers are invited to interact through an image-based discussion. To keep this dialog without a pre-formated vision, they don’t know with whom they interact with. The identities of each author are kept secret until the end of their respective discussion. Each picture produced is used as an inspiration to create the next one. The authors have been chosen on the basis on their career, their photographic direction and their savoir-faire to document an artistic vision”.

I’ve recently had the pleasure to be featured, along with Hilde Honerud from Konsberg, Norway, in Fiiiirst’s 60th discussion. It’s been a great experience, both fun and challenging. You can view the results here. I also reccomend you to have a look at all the conversations that have been published so far, which include works from photographers such as Eugeni Gay Marín, JM Ramírez Suassi, Jenny Riffle and Jamie Hladky, among others.

Guaridas

Guaridas

Terrassa, 2015.

“En su libro The Child in the City (‘El niño en la ciudad’), Colin Ward afirma: ‘Detrás de todas nuestras actividades encaminadas a una meta, de nuestro mundo doméstico, se encuentran esos lugares perdidos ideales que adquirimos en la infancia.’ A continuación, califica esos lugares de esquivos y a la vez persistentes: ‘Se infiltran en nuestra memoria selectiva y autocensurada en forma de mito y de versión idílica de cómo deberían ser las cosas, de paraíso que hay que recuperar’. El argumento de Ward sugiere que las guaridas que construyen los niños no solamente tienen sus ecos en la vida adulta, sino que nunca dejamos de buscarlas. Puede que los lugares secretos hayan desaparecido y que casi nunca nos acordemos de ellos, pero nos ofrecieron algo tan importante y un consuelo tan grande que siguen aún con nosotros, y continuamos construyendo simulacros de ellos una y otra vez en nuestras casas y coches: son esas guaridas adultas que creamos para proporcionarnos confort.

Las guaridas de la infancia son nuestros primeros lugares, o al menos los primeros a los que damos forma activamente con nuestra imaginación, los primeros que cuidamos y entendemos. Fue en aquellos refugios tan incómodos en los que yo ayudaba a apisonar las ramas del callejón de los Stacey donde aprendí que los lugares pueden ser más interesantes que la serie de rutinas y líneas de demarcación por las que estaba acostumbrado a que me guiaran. También recuerdo con nitidez que me ofrecían algo más que la simple sensación de seguridad o la diversión de esconderme. Me acuerdo de las conversaciones que teníamos en voz baja, en las cuales se reconstruía una y otra vez el significado de cada guarida: esta es tu base; no, esta es mi base principal; no, esta es la entrada a aquellas dos guaridas, que son los dormitorios. El significado de cada lugar estaba completamente en nuestras manos y nunca dejábamos de moldearlo para que encajara en nuestras fantasías cambiantes.”

– Alastair Bonnett, Fuera del mapa, 2017

Imagine el horror

Imagine el horror

Monistrol de Montserrat, 2010.

“Causa melancolía lo que se queda inacabado, pero lo muy acabado y completo puede dar horror. El Escorial, por ejemplo. Un edificio pavoroso. La basílica de San Pedro en Roma. ¡Ese baldaquino terrible con sus columnas salomónicas de bronce dorado! Para corregirlos haría falta al menos un milenio de abandono, o un terremoto de escala importante, un incendio. La proliferación de la vida orgánica entre los escombros. Las columnas derribadas como los troncos de árboles colosales que se dejan sin retirar en los parques americanos. Los gatos en el Coliseo. Colonias multitudinarias, genealogías de gatos que se prolongan a lo largo de los siglos, como las de los patriarcas del Génesis. Tallos espléndidos de hierba entre las piedras, higueras locas en las grietas de los muros, todo creciendo con esa fertilidad de la lluvia copiosa y el calor húmedo de Roma. Imagine el horror de un edificio como el Coliseo recién terminado. Toda la vulgaridad de los mármoles y de los dorados, como un casino de Las Vegas copiado del Coliseo. Con un gran letrero luminoso en lo alto, o mejor un nombre en letras macizas sobredoradas: TRUMP.”

– Antonio Muñoz Molina, Un andar solitario entre la gente, 2018.

Landscapes are stories

Landscapes are stories

Abrucena, 2013

“Q: How can the medium of landscape imagery be used to tell stories?

A: Landscapes are stories, we just need to learn how to read them. And there are many, many stories – waiting for someone to come along, and give shape to them and find an appropriate means to tell them. Part of the fascination for me is allowing a place to reveal a complex web of narratives, through a slow and patient engagement, and as it does so I am struggling to find a form, a structure, with which to articulate some of what I have found. My works always bring texts together with the pictures – captions, short stories, essays, lists – which is a reason why books are such a rich way to bring study together.”

– Jem Southam, in an interview with Drake’s.