Guaridas

Guaridas

Terrassa, 2015.

“En su libro The Child in the City (‘El niño en la ciudad’), Colin Ward afirma: ‘Detrás de todas nuestras actividades encaminadas a una meta, de nuestro mundo doméstico, se encuentran esos lugares perdidos ideales que adquirimos en la infancia.’ A continuación, califica esos lugares de esquivos y a la vez persistentes: ‘Se infiltran en nuestra memoria selectiva y autocensurada en forma de mito y de versión idílica de cómo deberían ser las cosas, de paraíso que hay que recuperar’. El argumento de Ward sugiere que las guaridas que construyen los niños no solamente tienen sus ecos en la vida adulta, sino que nunca dejamos de buscarlas. Puede que los lugares secretos hayan desaparecido y que casi nunca nos acordemos de ellos, pero nos ofrecieron algo tan importante y un consuelo tan grande que siguen aún con nosotros, y continuamos construyendo simulacros de ellos una y otra vez en nuestras casas y coches: son esas guaridas adultas que creamos para proporcionarnos confort.

Las guaridas de la infancia son nuestros primeros lugares, o al menos los primeros a los que damos forma activamente con nuestra imaginación, los primeros que cuidamos y entendemos. Fue en aquellos refugios tan incómodos en los que yo ayudaba a apisonar las ramas del callejón de los Stacey donde aprendí que los lugares pueden ser más interesantes que la serie de rutinas y líneas de demarcación por las que estaba acostumbrado a que me guiaran. También recuerdo con nitidez que me ofrecían algo más que la simple sensación de seguridad o la diversión de esconderme. Me acuerdo de las conversaciones que teníamos en voz baja, en las cuales se reconstruía una y otra vez el significado de cada guarida: esta es tu base; no, esta es mi base principal; no, esta es la entrada a aquellas dos guaridas, que son los dormitorios. El significado de cada lugar estaba completamente en nuestras manos y nunca dejábamos de moldearlo para que encajara en nuestras fantasías cambiantes.”

– Alastair Bonnett, Fuera del mapa, 2017

Imagine el horror

Imagine el horror

Monistrol de Montserrat, 2010.

“Causa melancolía lo que se queda inacabado, pero lo muy acabado y completo puede dar horror. El Escorial, por ejemplo. Un edificio pavoroso. La basílica de San Pedro en Roma. ¡Ese baldaquino terrible con sus columnas salomónicas de bronce dorado! Para corregirlos haría falta al menos un milenio de abandono, o un terremoto de escala importante, un incendio. La proliferación de la vida orgánica entre los escombros. Las columnas derribadas como los troncos de árboles colosales que se dejan sin retirar en los parques americanos. Los gatos en el Coliseo. Colonias multitudinarias, genealogías de gatos que se prolongan a lo largo de los siglos, como las de los patriarcas del Génesis. Tallos espléndidos de hierba entre las piedras, higueras locas en las grietas de los muros, todo creciendo con esa fertilidad de la lluvia copiosa y el calor húmedo de Roma. Imagine el horror de un edificio como el Coliseo recién terminado. Toda la vulgaridad de los mármoles y de los dorados, como un casino de Las Vegas copiado del Coliseo. Con un gran letrero luminoso en lo alto, o mejor un nombre en letras macizas sobredoradas: TRUMP.”

– Antonio Muñoz Molina, Un andar solitario entre la gente, 2018.

Landscapes are stories

Landscapes are stories

Abrucena, 2013

“Q: How can the medium of landscape imagery be used to tell stories?

A: Landscapes are stories, we just need to learn how to read them. And there are many, many stories – waiting for someone to come along, and give shape to them and find an appropriate means to tell them. Part of the fascination for me is allowing a place to reveal a complex web of narratives, through a slow and patient engagement, and as it does so I am struggling to find a form, a structure, with which to articulate some of what I have found. My works always bring texts together with the pictures – captions, short stories, essays, lists – which is a reason why books are such a rich way to bring study together.”

– Jem Southam, in an interview with Drake’s.

As I became invisible

As I became invisible

New York, 2011.

“You see, ten years ago when I first came to the city, I had a job on the West Side as a pushcart vendor. In order to get my license, I was told to go to a certain municipal office, to approach a particular window and to pay a small bribe to a teller.

On most days, I would roll the cart from a parking garage to the same spot on Ninth Avenue, near the mouth of the Lincoln Tunnel. I sold roasted peanuts and sodas in front of a discount electronics store and a used furniture outlet. Sometimes I was sent to other locations depending on the weather, or on other vendors, or on factors I didn’t understand. But mostly I parked in that same spot. And for a while that patch of sidewalk became my own.

I sold peanuts, I stood behind my cart and, after a few weeks went by, I became a fixture to some. And to others I became increasingly invisible. I discovered that simply by standing behind the cart and selling, I had put up both a wall and a window from which I could watch what happened on the street, on the block, on that long corridor of businesses and passers-by. And as I became invisible, I started to see things that had once been invisible to me.”

– Jem Cohen, Lost Book Found, 1996.

Un lloc d’exploració ideal

Un lloc d’exploració ideal

Terrassa, 2014. De la sèrie TRS 120/135 – Margin Walker.

“A la meva literatura he anat a parar sempre a la perifèria, ja sigui interior de la persona, ja sigui externa. La literatura es mou bé en els espais perifèrics. Fent un volt pels entorns de qualsevol ciutat, el desordre i l’acumulació donen idea, més que de deixadesa, de poca fe en cap mena de valors. En el cas d’un escriptor català, potser assenyalin, a més, la consciència d’un món i una llengua en dissolució. Tot paisatge és cultural i, doncs, moral, i qualsevol representació és simbòlica. Potser la perifèria ens resulta tan inaccessible justament perquè ens descriu la realitat que envolta i de la qual és filla, millor i tot que els centres fixats i estàtics, i que en definitiva són aparadors hipòcrites. Si vivim moments de canvi, si tenim consciència d’una crisi de valors -un sentiment paradoxalment perenne-, el territori ambigu de la perifèria, que es mou al seu gust, seria un lloc d’exploració ideal.”

Toni Sala a Paisatg-e, Butlletí bimestral de l’Observatori del Paisatge, 2010.

Gimnasia de ojos

Gimnasia de ojos

Los Angeles, 2008.

“Hay un tipo de cine y televisión que atrofia la vista. Nosotros tenemos 30 y tantas funciones de la visión, pero dos básicas: la fóbica, la de los hechos que están pasando, que puede medirse por movimiento de la pupila, y la contemplativa, llamémosla así, que es percibir el mundo como un cuadro. En cambio, en el cine norteamericano miden el movimiento de la pupila y piensan que el tipo que está viendo la película se está aburriendo, distrayendo, y no es que se esté distrayendo. Solo está mirando otras cosas que le llaman la atención. El tipo puede ser un zapatero y quizás prefiera mirarle los zapatos al protagonista, ya que eso lo lleva a un recuerdo. Es normal. Bueno, el asunto es que estos músculos se están atrofiando. Por eso en Francia y Estados Unidos ahora hay profesores de gimnasia de ojos, quienes practican movimientos laterales de ojos”.

– Raúl Ruiz, citado en Poéticas del cine.

El Observatorio – Espai de creació fotogràfica

El Observatorio – Espai de creació fotogràfica

De la sèrie Pas del Nord-oest.

Els meus amics d’El Observatorio, que s’autodefineixen molt encertadament com “un espai de creació fotogràfica i laboratori didàctic especialitzat en fotografia d’autor i narrativa visual”, han estrenat fa poc un arxiu en línia on recullen tots els projectes que s’han gestat entre les seves parets (entre aquests, Pas del Nord-oest, d’un servidor) des que va obrir el centre, el 2011. Podeu accedir a tots els treballs fent clic aquí.

Begginings

Begginings

Chicago, 2015 (diptych)

“Get out now. Not just outside, but beyond of the programmed electronic age so gently closing around so many people at the end of our century. Go outside, move deliberately, then relax, slow down, look around. Do not jog. Do not run. Forget about blood pressure and arthritis, cardiovascular rejuvenation and weight reduction. Instead pay attention to everything that abuts the rural road, the city street, the suburban boulevard. Walk. Stroll. Saunter. Ride a bike, and coast along a lot. Explore.

Abandon, even momentarily, the sleek modern technology that consumes so much time and money now, and seek out the resting place of a technology almost forgotten. Go outside and walk a bit, long enough to take in and record new surroundings.

Flex the mind, a little at first, then a lot. Savor something special. Enjoy the best-kept secret around – the ordinary, everyday landscape that rewards any explorer, that touches any explorer with magic.

The whole concatenation of wild and artificial things, the natural ecosystem as modified by people over the centuries, the built environment layered over layers, the eerie mix of sounds and smells and glimpses neither natural nor crafted – all of it is free for the taking, the taking in. Take it in, take it in, take in more every weekend, every day, and quickly it becomes the theater that intrigues, relaxes, fascinates, seduces, and above all expands any mind focused on it. Outside lies utterly ordinary space open to any casual explorer willing to find the extraordinary. Outside lies unprogrammed awareness that at times becomes directed serendipity. Outside lies magic.”

– John R. Stilgoe, Outside Lies Magic: Regaining History and Awareness in Everyday Places, 1998.

Un paisatge de primera i un de segona

Un paisatge de primera i un de segona

N-II, Granyanella, 2012. De la sèrie Vorals.

“Estem molt influïts pels arquetips paisatgístics que com a cultura hem creat. Sobretot pel catalanisme polític de finals del XIX, que beu de la Renaixença literària, i que exalta els paisatges del nord de Catalunya, que coincideixen amb el bressol de la nació: el Canigó, Ripoll, la Catalunya Vella. L’escola de pintura d’Olot és això, els Vayreda, Berga i Boix pinten sempre el mateix tipus de paisatge: olotí, verd, humit, calmat, plàcid. I ho contraposen als paisatges del sud: àrids o semiàrids, de la franja de ponent, paisatges ocres, on l’aigua és més escassa, amb l’agricultura de secà. Uns geogràficament coincideixen amb la Catalunya Vella, amb tota la mitologia dels orígens catalans, i on no hi ha estat present, cosa que és mig mentida, la invasió àrab, i en els altres trobem Tortosa, que és plena de toponímia àrab, i que és la Catalunya Nova. Es va associant una sèrie de valors i de mites històrics a un tipus de paisatge, de manera que es va creant un paisatge de primera i un de segona. Això a la llarga porta, dins d’un espai tan petit com Catalunya, a la creació d’una geopolítica interna. No és casualitat que les centrals nuclears, la petroquímica i allò que ningú vol estigui al sud, va anar d’un pèl que no s’hi instal·lés el cementiri nuclear a nivell de tot Espanya. Vas a la Terra Alta i estàs voltat de molins enormes, que tots estem a favor de l’energia eòlica però ningú vol aquests gegants a tocar de casa. I la immensa majoria estan al sud quan és a l’Empordà on fa més vent. Però l’Empordà a ulls dels qui prenen decisions polítiques està mimat, i t’ho dic jo que hi visc al costat. En aquests poblets medievals fantàstics, hi ha un munt de segones residències d’estiuejants barcelonins que no encaixarien bé un molí de cent metres, ni el soroll que escoltarien contínuament. Això per què és així? No només perquè el sòl és més barat, sinó perquè, com a resposta social, a Catalunya està més ben vist si es posa allà que si es posa aquí. “

– Joan Nogué, catedràtic de geografia humana de la Universitat de Girona i exdirector de l’Observatori del Paisatge de Catalunya, a Catorze, 2020.

Algo cambió y lo sabemos

Algo cambió y lo sabemos

Peñalba, 2009.

“Ya no estoy segura, sin embargo, de lo que ‘después’ significa. Algo cambió en el mundo. Hace no mucho tiempo, algo cambió y lo sabemos. No sabemos como explicarlo todavía, pero creo que todos podemos sentirlo, en algún lugar hondo de nuestras vísceras o en nuestros circuitos neuronales. Experimentamos el tiempo de manera distinta. Nadie ha logrado captar realmente lo que sucede ni por qué. Tal vez es sólo que sentimos la ausencia de futuro, porque el presente se ha vuelto demasiado abrumador y por tanto se nos ha hecho imposible imaginar un futuro. Y sin futuro, el tiempo se percibe nada más como una acumulación. Una acumulación de meses, días, desastres naturales, series de televisión, atentados terroristas, divorcios, migraciones masivas, cumpleaños, fotografías, amaneceres. No hemos entendido la forma exacta en la que ahora se experimenta el tiempo. Y quizás la frustración del niño al no saber qué fotografiar, o cómo encuadrar las cosas que observa desde el coche, mientras atravesamos este paisaje extraño, sea simplemente un signo de cómo nuestras maneras de documentar el mundo resultan insuficientes. Tal vez si encontramos una nueva manera de documentarlo empezaremos a entender esta nueva forma de experimentar el tiempo y el espacio. Las novelas y las películas no logran captarlo del todo; tampoco el periodismo; la fotografía, la danza, la pintura y el teatro no lo captan; la biología molecular y la física cuántica tampoco, desde luego. No hemos entendido cómo es que existe el tiempo y el espacio en nuestros días, como los experimentamos realmente. Y hasta que encontremos una forma de documentarlos, no los entenderemos.”

– Valeria Luiselli, Desierto sonoro, 2019