Sobrantes, indigentes y miserables

Sobrantes, indigentes y miserables

Bardenas Reales, 2009.

Conocida como la Blanca, la depresión central de las Bardenas Reales es la parte más desértica de este extenso parque natural del sureste de Navarra. A lo largo de millones de años, la erosión ha modelado en esta zona un paisaje de tonalidades blanquecinas y aspecto prácticamente lunar, con cabezos de formas singulares y profundos barrancos, más propios del Mojave norteamericano que de la Ribera tudelana.

Se trata de un lugar inhóspito en el sentido más estricto de la palabra, con inviernos gélidos y veranos infernalmente calurosos en los que los mosquitos martillean sin piedad las sufridas epidermis de los visitantes. Apenas llueve y, cuando lo hace, las precipitaciones son torrenciales, muchas veces en forma de tormentas. Hasta hace un par de siglos era escenario habitual de las fechorías de bandoleros como el legendario Sanchicorrota. En la actualidad sirve como pasto a entre 20.000 y 100.000 ovejas y cabras, dependiendo del momento del año. Y, desde 1951, 2.244 hectáreas de la Blanca se utilizan como polígono militar de tiro para la aviación.

Bardenas Reales, 2009.

Todavía hoy podemos encontrar, esparcidas sobre el suelo estepario de arcilla y arenisca, numerosas cabañas en las que los pastores solían refugiarse durante la trashumancia. Unas pocas todavía se usan, pero la gran mayoría están abandonadas y en ruinas. Al lado mismo de la pista que rodea el polígono de tiro pudimos visitar una, con corral anexo, en la que todavía quedaban rastros de las últimas ocasiones en que fue ocupada: la calavera y el espinazo de un mamífero (suponemos que una oveja), varias botellas de vino y sidra y un plegatín cubierto de óxido.

A pesar de la aridez del terreno y de la dureza del clima, hubo una vez alguien a quien se le ocurrió poblar las Bardenas Reales. En 1772, el maestrante valenciano Lorenzo Díaz de Lamadrid presentó al rey Carlos III un proyecto para construir varios pueblos en los que cada colono recibiría, entre otras posesiones, una vivienda, 50 fanegas de tierra cultivable, cierta extensión para plantar árboles y viñedos, una pareja de bueyes, cinco gallinas con su gallo e instrumental de labranza.

Bardenas Reales, 2009

Según explica la guía del parque editada por la Comunidad de Bardenas Reales, la idea de Díaz de Lamadrid, muy acorde con el despotismo ilustrado que imperaba en la época, era trasladar a estas localidades las muchas familias españolas «sobrantes, indigentes y miserables, que viven del puro arbitrio», con el objetivo de dar utilidad a «unos vasallos perdidos y perjudiciales para la sociedad».

El caritativo maestrante sólo exigía a cambio: primero, elegir él mismo los lugares de los asentamientos; segundo, que el rey pagara la construcción de consistorios, iglesias y casas para los párrocos, la exención de algunos impuestos y la superintendencia de las villas, y por último, que se le concediera el rango de coronel de caballería. El proyecto nunca se llevó a cabo y, muy probablemente, terminó equilibrando alguna mesa coja del Palacio Real de Madrid.

– Fotografías y texto publicadas originalmente en 2009 en mi extinto blog xavieraragonesfoto.wordpress.com.